...DeliriOs....

 


De camino de vuelta se quedó pensando  en su nombre, mientras apretaba en su mano una vaina de algarroba que siempre llevaba en el bolsillo, no sabía porque, pero desde pequeña tuvo esa manía. "Me presta chacha", le decía desde pequeña a su tía cada vez que la veía con la vaina en la mano.

 Llegaron tarde y un mozo las ayudó a descargar. Ella se sentó en la puerta del cortijo, mirando fijamente a la sierra, sabiendo que el guarda estaba allí. Él la notaba, pero no le decía nada. Sabía que estaba ausente, se preocupaba por ella, y en el fondo sabía lo que le pasaba, pero tenía que ser ella quien aprendiera. Él no la juzgaba, la escuchaba y la ayudaba. Desde el primer día que la conoció, estuvo pendiente de ella. Volvió en sí cuando la chacha la llamó, la introdujo dentro con aspavientos y la mandó acochar.

Tranco la puerta del cortijo. Al subir por la escaleras se sintió amurniada. 

Acostada en la cama, lo imaginó en los Pardos. El sastre solía asistir a las fiestas en honor a San Francisco. Ella ya lo había visto antes, años atrás. Recordó la conversación que él sostenía con otros hombres, sobre la venta de ganado en la feria de Albox. Apolonia no prestó atención, sumida en sus pensamientos. Lo miraba fijamente; cuando él terminó de hablar, ella se dio la vuelta y regresó al interior de la iglesia. Allí confesó su delirio.

Lo encontró con la mirada y, de inmediato, sintió un fuego recorriéndole la piel. Su mente se llenó de imágenes prohibidas: cómo se sentirían sus besos, cómo sería entregar su cuerpo. Pero la realidad la golpeo de vuelta. ¿Por qué habría de fijarse en ella?  Con un suspiro, apartó los pensamientos y siguió con lo suyo, como si nada hubiera pasado. Se limpio el alma y siguió. 

El sastre dudo un momento en ir a verla. Recordó aquel año en los Pardos, la primera vez que la vio. Ella no le prestó atención, pero él se aseguró de captar su interés. Mientras hablaba en el corrillo de hombres que se formo a su alrededor, él no podía dejar de mirarla y a ella se le notaba ausente. En un instante, la perdió de vista y se quedó pensando en ella.

Él se entregaría con toda pasión, lo tenía claro. Se la imaginaba una y otra vez besando  sus pechos, recorriendo su figura, y sus labios se encontrarían con los de ella.

 Pasaron los años; él sabía dónde encontrarla, pero no estaba seguro de si ella lo recordaria. 

Al caer la madrugada el sastre pasó por la puerta del cortijo. Se fumo un cigarro y dejó en el algarrobo unas matas de tomillo y se marchó. Por el camino de vuelta lo vio. Se dirigia al cortijo.

Apolonia esa noche, en la cama, sintió su piel



No hay comentarios:

Publicar un comentario