...Cosc0jares...




Me deje llevar. El tiempo de la cosecha había llegado a su fin y yo seguía sin recogerla. El me habló, yo lo ignore por un tiempo. Me refugiaba en mis propios sentimientos, en mi propia oscuridad intentado salir de ella. Me mantenia en vilo, con ansia, con ansiedad y desesperación el no estar donde me correspondía. Donde tanto era feliz, donde daba vida a los seres que ya no estan. Donde daba vida a los acontecimientos pasados...y enseñarlos. Las hojas de los padrones las repsaba hoja por hoja tocando cada nombre con mi dedo indice.. con cada nombre, con cada apellido, los atraeria a la luz.. ellos me protegian y lo siguen haciendo. Yo era la única que los entendía,  que los atraía de vuelta para resolver sus asuntos familiares. Allí quedaron. Esperando...esperarme por favor..

Mientras tanto también me fui cuidando del lobo. Desperté de ese letargo. No quería normalizar nada.No era justo para mi. Me merecía todo ese amor..y ellas, las almas, me lo trajeron..El amor que yo les daba se me devolvió. En los Coscojares,apareció allí, montado en su caballo piendo agua.. dijo que volvería y yo le dije que si..  lo sentí. senti que fuera mio.. me enloqueció por no saber que hacer ..aún así lo hice mio.. se los debía a mis almas, a mis nombres.. por mi!!! por todas ellas, fue mio.. fue mio en El cementerio  de Los Molinas.

Habian llegado hasta el cementerio de Los Molinas para despedirse de los padres que habian partido, dejando atras un recuerdo y un vacio.

Ante las tumbas habían llegado con la esperanza de sentir su aprobación, de recibir, aunque fuera en silencio, su bendición. Después de realizar sus rezos y cumplir con las promesas no dichas abandonaron el cementerio. La brisa fresca del amanecer envolvía los campos. La moza, vestida con un sencillo pero elegante vestido de lino, se encontraba mirando los romeros. Su cabello, suelto y desordenado por el viento, brillaba como el oro bajo el sol que emergía.


El sastre, con la camisa abierta y el sombrero en la mano, Era un hombre de piel curtida y mirada profunda, como si el sol y el tiempo hubieran dejado su huella en cada rincón de su cuerpo. Se detuvo frente a ella, observándola con una mezcla de timidez y deseo.

Bajo el cielo que empezaba a despuntar, entre el aroma del romero y la hierba fresca, el sastre la atrajo hacia sí. Sus labios se encontraron con una mezcla de torpeza y pasión, como si el mundo alrededor hubiera dejado de existir, al principio titubeantes, pero pronto desbordados por una pasión que no podía ocultarse más


Sus manos se exploraban con ansia contenida, deslizándose por las telas que ya no eran una barrera. La moza jadeó cuando sintió los dedos del sastre deshacer los nudos de su vestido. 

sus pechos turgentes

 Su cintura...

 Sus caderas...

 El sastre

 Se quitó la chaqueta y se remangó

 Se desabrochó el chaleco

 Y ...acercandose muy despacico

 La agarró por la cintura, mirándola fijamente a sus preciosos ojos

Se dejaron caer sobre la hierba húmeda, el aroma del romero mezclándose con el de sus cuerpos cálidos. Las manos de ella recorrieron su pecho desnudo, sintiendo la firmeza de sus músculos y la fuerza contenida en cada movimiento. 

Cuando notó que ella estaba preparada...la cabalgó con frenesípierodaron por medio de los romeros
Y ella...sorprendiendolo se puso encima...loca de deseo
Mientras el la agarraba con fuerza de unas nalgas duras y perfectamente torneadas...
Rodaron por el suelo y el sastre le mordió...suavemente, para no hacerle daño, en aquellas nalgas que eran el objeto de su deseo

El mundo alrededor se desvaneció, solo existían ellos, piel contra piel, murmurando promesas entre suspiros. El sastre no apartaba la mirada, como si cada centímetro de la piel de su moza fuera un tesoro que necesitara memorizar.


—Eres todo lo que soñé y más —murmuró, antes de inclinarse y besar el hueco de su cuello, donde su pulso latía frenético


En el momento en que sus cuerpos se fusionaron, el mundo pareció suspirar con ellos. La tierra bajo su piel temblaba suavemente. Los sonidos de su entrega se disiparon bajo el amanecer y se abandonaron por completo, libres.


 Los campos se convirtieron en testigos, un amor clandestino.

Mi amor ya lo testimonia

y lo digo en mis cantares,

¿te ha gustao esta ceremonia,

Moza de Los Coscojares, 

queridísima Apolonia?

 Apolonia Sáez y Francisco Martínez Palencia



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